jueves, 11 de abril de 2013

Con la suerte de nuestro lado.

Hoy en dia con los métodos que tenemos a nuestro alcance es mas sencillo practicar la fotografía de paisajes. La predicción del tiempo, conocer el estado de la mar y las mareas, saber a que hora y por donde saldrán y se ocultarán el sol y la luna... todos estos datos podemos conocerlos de un vistazo y con gran exactitud en internet o mediante aplicaciones para nuestros teléfonos móviles. Pero hay un fenómeno meteorológico que es mas difícil de predecir o al menos a mi hasta este día se me había resistido bastante. Se trata de la niebla, esa esquiva compañera que solemos buscar y perseguir con insistencia cuando visitamos algunos de los bosques que tenemos por nuestras tierras.



 



Con una espesa niebla envolviendo todo el entorno los bosques parecen transformarse y todo se hace mas sencillo y sobre todo mas especial. Cuando uno se encuentra inmerso entre estos ejemplares de haya trasmocha la niebla le aporta ese plus, esa atmósfera irreal y atemporal, de bosque de cuento.

En esta ocasión nos juntamos cuatro miembros de Canonikos, Iñaki Bolumburu, Emiliano Lopez, Javi Diez y yo. La semana santa por estas tierras no nos dejo mas que agua y decidimos quedar el Jueves para probar suerte en los hayedos. El día no pintaba mal del todo y aunque en la parte de abajo estaba lloviendo decidimos acercarnos hasta el parking de Belaustegi.
Al llegar arriba las condiciones no podían ser mejores. Una espesa niebla seca (puede que demasiado espesa, apenas se podía ver a 10m) lo envolvía todo. Cargamos los bártulos y nos adentramos en el bosque.

Con unas condiciones de este tipo uno no sabia por donde empezar, por todos lados uno veía buenas fotos y el ambiente generado por la niebla junto con las formas de estos arboles aportaban una atmósfera increíble.






En esta imagen se puede ver a Iñaki Bolumburu retratando uno de estos magníficos ejemplares. La verdad es que estar metido en la niebla sin estar pendiente del paraguas y de estar limpiando la lente y los filtros de agua a cada rato es algo de agradecer.






El tiempo se pasaba volando mientras seguíamos fotografiando los hayedos que se encuentran repartidos por la zona. Por estos bosques no es extraño encontrar a varios ejemplares mutilados o derribados por alguno de los temporales que nos suele visitar cada año. En otras ocasiones también es el propio peso de sus ramas la que hace ceder a sus deformes cuerpo. Mellados por la mano del hombre durante décadas,  estos ejemplares tan apreciados antaño para la obtención de leña usado para la producción del carbon que abastecía los hornos de las acerías, hoy día han quedado relegados al olvido. Con sus ramas creciendo y engordando sin cesar, sus troncos tan cortos son incapaces de resistir el peso de las mismas y acaban sucumbiendo.